El caballo de troya en la UNAM

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Desde las políticas pactadas en el Tratado de Libre Comercio por el gobierno neoliberal de Carlos Salinas de Gortari, se comenzó una transformación radical en la totalidad del sistema educativo mexicano, esto se debe a que el gobierno salinista acordó que la educación, desde preescolar hasta posgrado, obedecerían y tendrían un perfil capaz de reproducir las condiciones necesarias para el desarrollo del neoliberalismo en todas sus fases.

Este pacto estáÝ reflejado en un mayorÝ apoyoÝ presupuestario a las instituciones tecnológicas y una debacle en presupuesto en la educación mediaÝ y superior , comoÝ de hechoÝ se ve en la estadísticasÝ de la OCDE,Ý en dondeÝ el presupuesto de 1982Ý a 1994 baja de 35. 8 millones de peso a 25.6 millones de pesos en 1994 y en consecuencia, se han hecho recortes en la matrícula de la educación superior, por ejemplo en la UNAM, se han recortado desde 1997 dos de los cuatro turnos con los que contaba el Colegios de Ciencias y Humanidades.

ÝEsto sólo nos indica que el gobierno quiere inyectar un perfil técnico a la educación, mismo que estará al servicio de la iniciativa privada, sin embargo, esta política de apoyo a los tecnológicos no le ha resultado del todo favorable, puesto que los estudiantes que quieren ingresar a una educación pos secundaria, saben que la educación tecnológica no les asegurará un empleo bien remunerado. Por ello, los gobiernos neoliberales en México han dado un giro a su estrategia y tratarán de meter directamente las manos en los planes educativos de la educación superior para darles intereses tecnológicos que sean acordes a las grandes empresas.

¿Cómo se da este fenómeno en la Universidad Nacional Autónoma de México?

En el transcurso de la última década del siglo XX en México, con los gobiernos de Salinas y Zedillo, se da una crisis de la educación superior que cerraría este siglo con el conflicto de la Huelga de la UNAM 1999-2000.

De esta manera, el Consejo General de Huelga, quien durante los más de nueve meses de huelga representó al movimiento estudiantil, demandó una plataforma democrática para poder hacer las modificaciones necesarias y reformular de esta manera el proyecto de educación superior de la UNAM que se encuentra ya plagada de intereses empresariales en sus institutos de investigación; sus facultades y escuelas, convertidas hasta la fecha en los más rentables mercados de la mercancía llamada educación superior, y utilizada como el trampolín más adecuado para las diferentes fuerzas políticas oficiales que pugnan por una ìconvivencia justaî con el capital.

Tras la ruptura de la huelga, las autoridades universitarias usurparon la legítima iniciativa de la comunidad para realizar un congreso en el que se pudieran reformar de manera integra y profunda las formas de gobierno en nuestra máxima casa de estudios.

Esta usurpación comienza cuando el Consejo Universitario se da a la tarea de organizar el Congreso que le servirá al rector como dique ante la llegada de la ola blanquiazul al poder, por ello, sabiendo que la rectoría como tal no goza de la más mínima legitimidad ante la comunidad universitaria, le otorga al CU la función ìdemocráticaî de organizar el Congreso. ¿Pero mediante qué mecanismos?

En primer lugar, el Consejo Universitario en pleno designa desde su interior al Grupo de Trabajo, conformado sólo por 16 consejeros universitarios, entre ellos el perpetuo funcionario de la UNAM José Narro, quien fungirá nuevamente como Coordinador para la reforma universitaria designado por el mismo rector. Esta instancia se encargó de diseñar los mecanismos para la conformación de la Comisión Especial para el Congreso Universitario, a pesar de las voces disidentes que cuestionamos desde un principio la legitimidad de dicho proceso.

Desde el inicio no existió ningún mecanismo que facilitara la participación al grueso de los universitarios, además de que legalmente, al ser el Grupo de Trabajo una instancia elegida por una autoridad colegiada, se convierte ella misma en apéndice colegiada del Consejo Universitario, lo que le da el carácter de autoridad.

De esta manera, al cabo de un buen número de reuniones del Grupo de Trabajo se presenta ante el consejo universitario una propuesta para la conformación de la Comisión Especial (CECU), en la que de nueva cuenta se encuentran representados miembros del Consejo Universitario provenientes de los diferentes sectores de la Universidad y se le reserva al grueso de la comunidad representación ìdemocráticaî mediante elecciones en las diferentes escuelas, en las que además de suponer que resultarán vencedores, tenían que pasar por el más democrático de los mecanismos antes conocidos: la tómbola. Así, la suerte de la Universidad se deja al azar y no a la libre organización de la comunidad que en reiteradas ocasiones expresó su descontento ante los mecanismos de organización del Congreso Universitario que en nada satisfacía las aspiraciones democráticas de los universitarios.

ÝEn este contexto las elecciones para elegir a los representantes externos al Consejo Universitario ante la CECU, fueron además de un paso hacia el Congreso, un buscapié que sondeaba una primera muestra de dos elementos particulares para poder diseñar de una manera íntegra su estrategia de imposición.

En primer lugar se buscó observar qué grado de aceptación contaba ante la comunidad universitaria el proceso electoral para la elección de la CECU, (su carta era que hubiera una amplia participación); y en segundo lugar, ver cuál era el grado de organización en que se encontraba el movimiento estudiantil y si este era capaz de generar una oposición inteligente que aglutinara a la mayoría de los universitarios. La respuesta que recibió la Rectoría fue que los universitarios no contaban con el más mínimo interés en el proceso de transformación de la institución y seguidamente, que el movimiento estudiantilÝ tampoco contaba con una estrategia inteligente para poder hacerle frente a las elecciones de la CECU, al grado que el CGH hiciera el uso de la fuerza en un momento inapropiado, robando las urnas para la elección, lo que demostró más que una oposición inteligente, un acto de inmadurez y desesperación, cuando de lo que se trataba era de evidenciar de la manera más amplia posible el abstencionismo y la apatía. Esto desgraciadamente no se pudo demostrar al exterior de la Universidad ya que las notas periodísticas se refirieron más al show de la quema de urnas que al abstencionismo.

Después de este escenario la Rectoría decide modificar su propuesta tratando de realizar óya con la CECU constituidaó una descentralización de las decisiones de transformación, refiriéndose incluso ya no a un Congreso sino a una reforma, lo que nos deja entender que lo que busca la autoridad universitaria es evitar concentrar en un solo espacio y tiempo las decisiones nodales. De esta manera es como se explica el nuevo paso que pretende realizar la Rectoría, el llamado Congreso por Etapas, realizando foros de diagnóstico en tres escalas: locales, intermedios y generales, organizados no por la comunidad mediante una instancia que ella misma construyera, sino por medio de los Consejos Técnicos de las diferentes facultades, institutos y dependencias de las que está compuesta la Universidad, lo que refleja que la reforma no surge de las necesidades de los universitarios.

Finalmente podemos concluir que para lograr una eficaz oposición a la reforma de la Rectoría y encaminarnos a la construcción de una alternativa que contemple de manera íntegra las deficiencias de la universidad, es necesario reconocer el bajo grado de legitimidad con que cuenta el movimiento estudiantil en general y el CGH en particular, además de realizar un proceso de acercamiento hacia la comunidad que asegure una verdadera participación mediante mecanismos que ella misma se encargaría de construir para no reproducir en el seno de los estudiantes lo que tanto se ha criticado por parte de las autoridades universitarias.Ý

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ÝPor :Leonardo Martínez y Daniela Fuentes

ÝFacultad de Filosofía y Letras. UNAM